Economía

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Bélgica es un país densamente poblado y se localiza en el corazón de una de las regiones más industrializadas del mundo. Actualmente, la economía belga está orientada hacia los servicios y muestra una naturaleza dual, con una dinámica parte flamenca, siendo Bruselas su principal centro multilingüe y multiétnico con una renta per cápita de las más altas de la Unión Europea, y una economía valona más ruralizada y menos dinámica. Bélgica fue el primer país de Europa continental en el que se desarrolló la Revolución industrial, a comienzos del siglo XIX. Lieja y Charleroi desarrollaron rápidamente una industria minera y acerera, que floreció hasta mediados del siglo XX. Sin embargo, por la década de 1840 la industria textil de Flandes estaba pasando por una aguda crisis y había hambruna (1846-50). Después de la II Guerra Mundial, Gante y Amberes experimentaron una rápida expansión del sector químico y petrolífero. Las crisis del petróleo de 1973 y 1979 causaron una prolongada recesión económica. La industria siderúrgica belga ha sufrido desde entonces por un grave retroceso, y éste ha sido el responsable de inhibir el desarrollo económico de Valonia. En los años 80 y 90, el centro económico del país continuó desplazándose hacia el norte, a Flandes. La industria está concentrada en la poblada área flamenca del norte del país.

A finales de los años 80, la política macroeconómica belga había dado lugar a una deuda gubernamental acumulada de aproximadamente el 120 % del PIB. Actualmente, los presupuestos están equilibrados y la deuda pública equivale al 94,3 % del PIB (finales de 2005). En 2004, se estimó la tasa de crecimiento real del PIB en un 2,7 % pero se espera que descienda a un 1,3 % en 2005.

Bélgica tiene una economía abierta. Ha desarrollado una excelente infraestructura de transportes (puertos, canales, ferrocarriles y autopistas) para integrar su industria con las de los países vecinos. Amberes es el segundo mayor puerto de Europa, por detrás del de Róterdam. Miembro fundador de la Unión Europea, Bélgica apoya la extensión de los poderes de las instituciones de las UE para integrar las economías de los estados miembros. En 1999, Bélgica adoptó el euro, la moneda única europea, que reemplazó definitivamente al franco belga en 2002. La economía belga está estrechamente orientada hacia el comercio exterior, especialmente productos de alto valor añadido. Las principales importaciones son productos alimenticios, maquinaria, diamantes, petróleo y derivados, sustancias químicas, vestimenta y accesorios y tejidos. Las exportaciones principales son automóviles, comida y productos alimenticios, hierro y acero, diamantes procesados, tejidos, plásticos, productos petrolíferos y metales no ferrosos. Desde 1922, Bélgica y Luxemburgo han constituido un único mercado comercial, con una unión aduanera y monetaria, Unión Económica Belgo-Luxemburguesa. Sus principales socios comerciales son Alemania, los Países Bajos, Francia, el Reino Unido, Italia, los Estados Unidos y España. Bélgica figura en noveno lugar en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas del año 2005.

En años recientes, y ante el debate surgido por su posible escisión en dos entes estatales separados, obviamente con sus consabidas y temidas consecuencias políticas y económicas;35 se cambió muy profundamente su sistema de beneficencia social y de protección social, así como se hicieron profundos recortes a estos, para luego redireccionarlos y adecuarlos a un escenario en donde la pérdida de competitividad de la parte valona, con un aporte al PIB del 35 %;36 sobre la parte flamenca; que es la más poderosa actualmente en cuanto a sus niveles económicos, aparte de un cambio de gabinete, hicieron que la situación mejorase sustancialmente, pero sin atenuar las fuertes discusiones sobre el asunto del equilibrio de poderes entre las comunidades belgas más influyentes, así como se inicia el proceso de cambio de enfoque industrial, de donde Valonia, antes destacado centro industrial siderúrgico del país belga; pasa ahora a convertirse en un centro de estudio y de investigación en tecnologías de la información y de mejoras industriales.

En cambio, la parte Flamenca, antes adormecida ante el gran potencial económico de Valonia, del que mucho tiempo dependió; ahora es el principal sustento de la nación belga actual, de donde proviene más del 60 % del PIB nacional. Con los resultados de las consultas hechas en el año 2010, se deja ver el ansia de disolución del país, pero los líderes de la parte francófona y flamenca se han puesto de acuerdo para ” dar fin” a las especulaciones y al periodo turbio y sombrío por el que ha tenido que pasar una economía considerada ejemplar en Europa.

Más recientemente, y ante las secuelas dejadas por la crisis financiera y económica de varios países de la zona del euro, la calificación de la deuda soberana de Bélgica se ha visto amenazada por parte de las agencias de calificación de riesgos, como Moody’s; que la rebajaron de Aa2 a Aa3, ante las sustanciales dudas dentro del mercado de inversores sobre sus planes para una sostenida y sostenible reactivacción económica de la zona euro, de la que Bélgica hace parte fundamental.

 

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