Gante

 

1. Alquila una bicicleta porque la vas a necesitar

A veces da la impresión de que Región de Flandes nació para ser recorrida en bici. Las ciudades están muy preparadas, existe una convivencia idílica entre peatones, coches y ciclistas e incluso me atrevo a decir que hay más bicicletas que habitantes. Además nos encontramos en una zona de Europa completamente llana, por lo que no son necesarios los esfuerzos en cuestas porque simplemente no las hay. Por tanto, Gante, así como Brujas, Lovaina, Malina u otros lugares de esta parte de Bélgica, constituyen ciudades ideales para moverse en bici. Y los campos flamencos son una maravilla cuando llega el buen tiempo.

Sele en bicicleta en Gante

2. Sube a lo más alto de la torre del campanario (Belfort) para disfrutar de las vistas de Gante

Levantada en el siglo XIV es uno de los grandes símbolos del poder civil de Gante. Al igual que otros grandes campanarios del norte de Francia y Bélgica, protegidos como Patrimonio de la Humanidad, no se trata de ninguna torre perteneciente a una iglesia o catedral. Desde ella se daban avisos a la población tanto en festejos como, sobre todo, en tiempos de guerra. Era un auténtico reclamo para la ciudadanía y, en este caso, de la pujante industria textil (Lonja de los paños). La de Gante se considera está entre los campanarios municipales más altos de todo el mundo, destacando con una altura de 91 metros. Subir hasta arriba se ha convertido en una de las visitas obligadas de los viajeros que quieren disfrutar de unas panorámicas envidiables de la ciudad (Horario: De 10:00 a 18:00, precio 6€, gratis con la CityCard Gent).

Campanario de Gante (Flandes)

3. Palpa el corazón de Gante en los muelles Graslei y Korenlei

Graslei y Korenlei son las dos orillas que conservan el alma mercader y de puerto que siempre tuvo la ciudad. Gante se explica desde el Graslei (Muelle de las hortalizas y hierbas) al Korenlei (Muelle del trigo) y viceversa (esta última opción mejor aún).

Graslei en Gante (Flandes, Bélgica)

El esplendor arquitectónico gantés lo podemos observar en, Graslei, por ejemplo, con sus espectaculares casas gremiales estilo barroco desde algunas de las cuales se controlaba la mercancía que iba llegando (en la más pequeña se pesaba el grano). Aunque la torre que se asemeja al Big Ben, si bien más pequeña, es de finales del XIX y forma parte del viejo palacio de Correos. Al otro lado, en Korenlei, la fachada del actual hotel Hilton tiene docisnes mirando cada uno a un lado, símbolo para muchos de que allí hubiera en su día un burdel (En la Edad Media el amor son dos cisnes que se miran, lo contrario es la infidelidad).

Graslei en Gante (Flandes, Bélgica)

4. Vive la Edad Media en el castillo de los Condes de Flandes

Desde el siglo XII el poder en Gante ha tenido un nombre propio, el Casti

llo de los Condes. Se trata de una fortaleza medieval de las de antes levantada sobre el río Lys en un emplazamiento que lo hacía difícil de conquistar.

Gravensteen, su nombre en flamenco, es el rescoldo medieval más reconocible y parte esencial en la historia de la ciudad. Aunque todavía genere confusión entre los turistas que piensan que fue el lugar de nacimiento de Carlos V cuando este hecho tuvo lugar en Prinsenhof, un palacio más moderno y lujoso que este castillo residencial y defensivo a partes iguales que se había quedado viejo y no permitía demasiadas galas ni demasiados dispendios.

Vistas de Gante desde el Castillo de los Condes de Flandes

Castillo de los Condes de Flandes en Gante

5. Disfruta de la animación, la cerveza y la gastronomía de Korenmarkt.

Justo en la parte trasera de Graslei se encuentra la PLAZA con mayúsculas de Gante. La ciudad se concentra en el viejo mercado del grano (ese es el significado de Korenmarkt) para sentarse en apacibles terrazas que se utilizan durante todo el año. Los ganteses, muy aficionados al terraceo (ahí seguro hay parte del gen español de la época de los Tercios de Flandes) ocupan sus espacios a partir del medio día.

Korenmarkt (Gante, Flandes)

El trasiego es constante en este punto neurálgico de la ciudad. De por sí, como espacio urbanístico, es una preciosidad, pero más aún si somos capaces de disfrutarlo “como un gantés” sentándonos a beber algo o a comer en una terraza.

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